Hay días en los que la mente juega con uno mismo. Días que, la inseguridad echa raíces en el pensamiento y, aunque te digan todo lo contrario a lo que piensas, tarda en irse.
Durante el tiempo que esa situación dura, el miedo aparece, echando a la seguridad de su casa, dejándola marginada en la oscuridad de un abismo lejano de nuestro pensamiento.
Sin embargo, este estado puede llegar a cambiar pasado un poco de tiempo, a través del amor incondicional de algunas personas, ya sean familiares, amigos o ese alguien especial que es capaz de quitarnos una sonrisa con un simple ''Hola, ¿qué tal?''.
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